07×1: De compras

Posted: August 19, 2012 in Uncategorized

La comida en esta villa es algo a lo que todavía no me acostumbro, pero debo hacer el esfuerzo, todos lo estamos haciendo… Mamá me despertó con el cielo todavía negro pues hacia donde vamos es lejos y no tenemos animales de transporte por lo que la única opción es caminar. Salimos en silencio para evitar la compañía de mi hermanita, quien era la causa de la mayoría de nuestros problemas fuera de casa. Justo al cerrar la puerta la mascota de un Orco vecino aulló, y segundos después, el escándalo se había transportado a la habitación de la pequeña Cipo… Mamá regresó para intentar convencerla de no acompañarnos; fue inútil. Ni las mismísimas joyas de Raken, el malvado Dragón de Ikira, hubiesen sido suficientes para saciar su hambre de juego. Caminar ya no era la opción, así que el Carguero Público nos llevaría al Mercado de Agropecuarios, volví a la cama el transcurso de tiempo que utilizaron para alistar a mi hermanita y al cabo de dos relojes de arena nos hallábamos en la calle, a pleno Sol, listos para la aventura. Entre la espera al Bisonte rojo, y el viaje en sí, habrá pasado la mitad de una hora, con tramos entrecortados por la subida y bajada de pasajeros. Orcos escupían cada vez que hablaban y Enanos y Enanas fruncían, los Humanos observaban en silencio cualquier acontecimiento a la vez que Pigmeos dormían tranquilos.

Apenas puse un pie en el lugar pude sentir el olor a fresco, a fresco y pescado, y a Trasgo, esperando cualquier descuido para comer lo que cayera al piso. La mayor parte de los vendedores de alimentos son Pigmeos, muy amables y serviciales, así como también uno que otro Enano y Orco, estos más agresivos que los primeros pero no por eso menos interesados en nuestras monedas. A Mamá le gusta venir aquí pues dice que los vegetales son más frescos y baratos – “no de mentira como esas porquería que tienen en el Gran Emporio de Kono” – responde siempre cuando la cuestionan por su preferencia. Con dolor de brazos y cargados de verduras a más no poder debemos pasar a lo siguiente: la carne.

“¡¿¡QUÉ QUIERE!?!” – Un grito brutal corta la calma, mi hermana se esconde tras de mí, y Mamá, con toda la tranquilidad del mundo, responde – “Dos de esos, tres kilos de eso y uno de los de allá” – “¿¡CON O SIN!?” – pregunta el prepotente humanoide – “Sin, por favor” – sentencia mamá. El Ogro carnicero, vestido con un impecable manto blanco, se retira a la parte de atrás del local y enseguida vuelve cargando en el hombro dos trozos gigantes de carne, tan grandes que al echarlos en un mesón de golpe sentí que el piso tembló. Con maestría el gigante ser rebanó y pesó el alimento. Su cara me parecía familiar, y la forma en que trataba a Mamá, también. Una vez entregados los paquetes, le dimos el dinero y nos marchamos rumbo a casa. Cipo salió corriendo a la próxima sección del Mercado donde estaríamos una hora más, entre ropa y juguetes.

La travesía de regreso siempre era pesada; los Bisontes rojos y el paradero estaban llenísimos, y nosotros con muchas bolsas, calor e incomodidad. El reloj marcaba la segunda línea cuando un Carguero vacío apareció, mi hermanita acabó su cuarto berrinche y subimos. Con las manos rojas casi sin fuerza y sudado hasta los pies, sólo arriba del transporte pude tomar un pequeño descanso, dolía mucho y me hacía el valiente. Por suerte para nosotros el conductor decidió partir pues éramos casi los últimos, el resto fue un lindo paseo familiar… Mamá me preguntaba cosas de la escuela y yo le respondía, Cipo estaba tranquila comiendo un caramelo mientras su nuevo juguete se movía de arriba a abajo, pasaron varios caminos antes de tener compañía a bordo, luego  oímos con atención las historias de infancia de Mamá en Ekeki, que se vieron interrumpidas por un Ogro caído tras darse en la cabeza con un árbol, reímos mucho, casi hasta el final del viaje. Nuestra casa se acercaba y nos levantamos, toqué la campanilla colgante y el jinete avisó al Bisonte para frenar.

Puse la cabeza en la almohada y apenas podía moverla, los brazos tiritaban, pero me sentía bien después de todo. A decir verdad, aunque todavía no acostumbro, comienzo a tener cariño por Ikira

¿Y la carne? – preguntó Mamá. – ¿No se te habrá olvidado en el Bisonte, o sí…?

Pues la carne, en efecto, iba camino a encontrar otro dueño en aquel Bisonte rojo, de forma que no tuve otra salida que decir la verdad. Pasaron casi cinco meses antes que pudiera volver a ir al Mercado con Mamá, sólo espero que un Pigmeo haya tenido buena comida ese día.

05×2: Pasión de primera

Posted: August 15, 2012 in Uncategorized

Te preguntarás qué hago con esta armadura puesta y porqué los colores de toda mi indumentaria combinan de manera perfecta… No es tan larga historia como parece; puedo decirte que en mi familia todos siempre han sido fanáticos y grandes exponentes de La Soule – ya sabes, ese juego por equipos donde tienes que cargar una vejiga de cerdo rellena de heno hasta el territorio del grupo adversario, específicamente en el punto marcado con un cuadrado-. Entonces te podrías imaginar que el hecho de verme en el campo de juego sería solo cuestión de tiempo, pues bueno, lamentablemente para mi familia, te equivocas porque nací sin el “talento natural de la familia”, o sea, sin aptitudes físicas. Las primeras veces hasta llegué a pensar que era adoptado… ¡Es que sería bastante lógico!

Mis tíos, sus hijos, sus amigos, mis amigos, parecían criaturas míticas en el campo de batalla. Con velocidad envidiada por Cazadores, poderío solamente propio de los Carniceros y precisión inexplicable, mis sueños y anhelos eran destruidos cada siete mañanas en el Campo de jóvenes jugadores. Pues bien, basta de traumas de niñez; dudo que si me hubiese quedado en Ekeki habría sufrido el embate de Orcos furibundos y el regaño de Enanos. Elfos y pastelillos de Pigmeos serían los panoramas de cada jornada de ocio, mas no, estoy aquí en Ikira, con tierra en lugares que ni sabía que podría almacenarse y casi dos kilos menos por tanto sudar. Todo es culpa de Mamá, Mamá y sus nuevas amigas, en realidad, Mamá y su interés en hacerme amigo de los hijos de sus amigas. No voy a mentirte, la primera vez fue bastante extraña, y eso que llevamos casi cuatro Lunas Negras viviendo aquí, las señoras llegaron una a una con su hijo a un lado, dos Enanos, cuatro Orcos, dos Elfos, tres Humanos y tres Pigmeos. Todos fuera de la casa y riendo alegremente, el chico nuevo era yo, y a uno que otro verdoso Orco no le agradaba la idea. Miento, sólo los Pigmeos estaban contentos conmigo, porque ya no serían los últimos en ser elegidos para La Choure – como le llamaba la mayoría de personas -. Miré a Mamá, la que notó de inmediato mi extrañeza, sus ojos crecieron y asumí la situación: estaba obligado a hacer nuevos amigos.

Fuimos hacia el Sudoeste, donde estaban los Campos de juego de La Soule, llamados Kanchas de tierra, estaba repleto de Orcos y Enanos, uno que otro escurridizo Pigmeo y dos Ogros, los que se quedaban parados justo en el cuadrado de las anotaciones. A un costado del lugar una enorme estructura que se puede ver desde mucha distancia, es el Campo de juego principal de Ikira; el Estadio Garl-ohl Dik Porm, donde sólo los mejores llegan a estar. Mis compañeros comenzaron con la selección de jugadores y yo no dejaba de admirar aquel monumento, tendrías que haber estado ahí. Una palmeteada fuerte en la espalda me da aviso, estoy en el equipo del Ogro con túnica amarilla. Estaban todos listos, dorados a mi lado, azules al frente, el único Orco de mi equipo sacó de su bolsa una armadura y me la lanzó, sólo faltaba yo. Los otros tres Orcos ya estaban peleándose con los Enanos de mi equipo cuando terminé de vestirme, ahí supe que esta no sería una tarde tranquila… Hace mucho que no veía una golpiza igual, y es  ahí donde recordé porqué nunca quise practicar La Soulé; la única regla del juego era  llegar al cuadrado del oponente con la bola de heno, todo lo demás estaba permitido, golpes, patadas, rasguños, cabezazos, gritos, engaños, zancadillas. TODO. Y aquí estoy ahora, corriendo con la vejiga de cerdo hacia campo propio con Orcos pisándome los talones, casi todos mis compañeros han caído y el Ogro sólo se queda parado en el cuadrado. ¿Por qué, Mamá? ¿¡POR QUÉ!? Terminada la partida y las correspondientes peleas post-juego, en un gran abrazo de camaradería los Enanos sacan cerveza de sus morrales. Era lo que faltaba: Borrachos. Casi nada quedaba de luz cuando comenzó el peregrinaje a casa de unos de los Pigmeos, los Elfos no nos quisieron acompañar, al igual que los Humanos, pues estos últimos habían quedado muy resentidos por los golpes, de allí en adelante todo fue vómitos, riñas, infidelidades y la vida sexual de mis “amigos”. La madrugada fue mi salvadora, porque los Trolles que rondaban cerca de casa en las noches fue el pretexto de los Orcos para no dejarme marchar, estaban dormidos, decadentes, repulsivos… Qué oportuno fue el Sol en aparecer.

Lo que me queda de consuelo mientras voy camino a casa: no me escogieron último, y después de hoy dudo que vuelvan a buscarme para repetirlo, digo, ¿quién querría pasar un rato de “diversión” con un aburrido humano como yo, que no bebe ni juega choulé…?  Aunque ¿sabes? hay otra cosa que me intriga algo…  ¿Tendrán solamente hijos  los amigos de Papá?

 

A mi alrededor todo es silencio y desolación, las arenas junto al camino hacia Ikira conforman, junto al cielo sin rastro alguno de nube, un escenario realmente abrumador, tanto así que no me sorprende la mala fama que tiene el lugar… ¿¡Quién querría vivir en un sitio como éste!? Lo primero que se vislumbra al acercarse es un domo. Gris oscuro. El sólo verlo de reojo genera rechazo. Sobresaliendo, desde lo que parece su centro, hay una gigantesca hacha con el filo desgastado y oxidante, qué gran postal de bienvenida a mi nuevo hogar…

Una tras otra van pasando las edificaciones y la moral va decayendo. “¿En serio…? Pero ¿¡EN SERIO TENEMOS QUE VIVIR AQUÍ!?” – brota de mis labios ante la mirada con desdén de los otros viajeros. Al seguir adelante me encuentro con un sitio lleno de seres que nunca antes había imaginado ver reunidos en el mismo punto, algunos de ellos exhibiendo gran estatura y complexión, otros, completamente al contrario. Los seres se ven en perfecta unidad entre ruralidad y civilización. Esto debiese ser el Mercado de Agropecuarios.

Movimientos automáticos se repiten de forma interminable en los pocos segundos que logro observar. Lo que parece un Humano le grita a un Pigmeo, lloviéndole las babas al pequeñín desde su sombrerito hasta el minúsculo calzado. Enanos intentan defenderlo. Orcos gritan desaforados. Un Ogro llega, alejando a todos. El Humano lo ignora y prosigue con el maltrato al Pigmeo. Un Orco se involucra físicamente. Enanos se interponen entre el verdoso ser y el Humano. Los Pigmeos que estaban cerca llegaron a enterarse de la situación, mas se quedan estáticos, la mayoría de ellos bajando la vista, como si fuese parte de la rutina habitual. El gigantesco Ogro levanta con los dedos y sin cuidado al Pigmeo, amenazándolo con dejarle caer. La personita se aferra con todas sus fuerzas al pulgar del Ogro. El Humano ríe. Los Enanos gritan. Los Orcos gritan. Los Trasgos y Trolles roban víveres y niños. El Pigmeo cabeza abajo. Monedas caen. Los Enanos se marchan. Los Orcos también. El Humano se queda con todo. El Ogro se retira satisfecho con el hombre a su lado, o viceversa, y los Pigemos auxilian a su camarada. Movimientos cansados y repetitivos. Todo vuelve a su curso. El animal de transporte en el que viajamos se había detenido apenas comenzó el “incidente”, aunque, a decir verdad, no sé cuán anormal haya sido la situación, quizás nunca pase nada fuera de lo común, quizás el detalle más mínimo que rompa el mediocre equilibrio les sea interesante… ¿¡Por qué me trajeron!?

Lo siguiente en el panorama son agujeros y arena, casuchitas y arena, arena y arena, y más y más arena. “Bienvenidos al Gran Valle” puede leerse a no mucha distancia, naciendo tras de él un camino muy dañado, elegantes carretas tiradas por exánimes bestias a toda velocidad van y vienen, así como también, Pigmeos con paquetes del doble de su tamaño a cuestas. Un giro a la segunda Glorieta y las letras de la señalización se desvanecen. Muchísimos animales en la vía. Más arena y menos casuchitas. Las miradas se dirigen hacia la derecha. Es el “Gran Emporio de Kono”, uno de los puntos de encuentro para los habitantes del lugar. Por lo que tengo entendido, es como el Mercado de Agropecuarios pero con mayor variedad y rareza de objetos. El descenso inicia sin mayor preámbulo. Dolores de estómago. Nos topamos de frente con un amplio túnel, diría que hasta cuatro animales medianos podrían correr uno al lado del otro sin problemas. No se había ido aún la luz cuando la salida se podía notar un par de cuerpos más adelante. Hogares más sólidos es lo único en cualquiera dirección. Es evidente: Humanos.

Largos pastizales separan el amplio camino en dos vías dobles. Nosotros siempre a la derecha. Hay cruces de camino, paradas debido a ello, más gentes de todo tipo y edificaciones, el movimiento de los demás señalaba el final de esta interminable travesía. Quedando un pequeño trecho más por recorrer observo de manera leve hacia mi izquierda. No lo pude ignorar. En aquel amplio terreno baldío sobresalía una choza con un monolito color marfil a su lado. Los silencios se agudizan. “Y…P…F”. – o algo así – El bamboleo del mamífero me hace perder el equilibrio. Y qué… ¿Qué más habría allá…? La Caballeriza OPEC recibe a los animales cansados y hambrientos, mientras sus jinetes intercambian monedas por fardos compactos. Bellos potros frente al abrevadero son cepillados cuidadosamente. Otras bestias rumian al son de campanillas que indican la hora de despertar para un bisonte. Un par de posadas, Enanos, Orcos, uno que otro Pigmeo y el notorio Troll de larga cabellera blanca se movilizan en la entrada de la Estación de Bueyes a Nakat. Es increíble la cantidad de animales y gentes que viajan todo el desierto hacia el norte para llegar a Nakat, el pueblo más cercano y próspero cruzando el Río Taldosé.

Tras marcar una “L” en la carretera llegamos finalmente a la Estación de Bestias Pesadas. El animal detiene su andada con lo que los demás viajantes se levantan de inmediato para descender a tierra firme. Orcos, Enanos y Humanos atropellándose. Prefiero quedarme sentado. Al disminuir el flujo de humanoides me levanto sin mirar atrás. Algo suena al azotarse contra el piso. Miro de reojo. ¡Mierda! Creo que boté a alguien, espero que no sea… Era el rojo más escarlata que había visto. Dos trenzas como colas de serpiente yacían en el alfombrado lomo del animal. Un sonido me estremeció. Era su voz. Alhajas en sus puntiagudas orejas y la perfección de sus rasgos faciales y curvas eliminan cualquiera sospecha. Sin dudas era una Elfa, pero, ¿y su color de piel? Las prendas de cuero apretado no dejaban casi nada a la imaginación. Le estrecho la mano para ayudarle. No acepta. Frunce el ceño y me dice un par de cosas que no pude entender. Al instante, aceleró el paso y bajó de un salto. Quedé inmóvil varios momentos. Ella se adelantó a todos los demás y mostrando su boleto para recuperar el equipaje, comienza a marcharse. Con las cejas arqueadas aún propina una última mirada a su espalda. Busca algo entre el gentío. Eleva la mirada. Sus carnosos y negros labios bailan. Sonrío. Sonríe. Se va… Un horrible Orco y un par de Enanos me dirigen miradas de envidia. Claramente me coqueteó. ¿No?

Las cosas que pasaron luego son un tanto engorrosas y no la incluyen, bueno, salvo un par de veces, sin embargo, yo sabía que no podría ser tan mala la vida en Ikira. Después de todo, con hembras cómo ésas. ¿Qué otra cosa puedes querer?

Cárcel (y/o yo)

Posted: May 5, 2012 in Uncategorized

 

¿Por qué huyes de mi, Padre?

No soy un animal, soy un ser humano

 

El afrecho para quimeras sabe bien

la paja en el establo está tibia

ya casi no siento las manos.

 

Ser herrero es cosa de hombres

 

¿Qué hice de mi?

 

Tu grandilocuencia, magnificente Señor, expira los deseos de fortaleza.

 

Rallo en la decadencia, tu hijo se presenta, un simple humano que no quiere ser olvidado, corporeidad elocuente, escudos y plata, el ascenso me atrapa, pero recuerda que soy sólo un hombre

sólo un herrero,

y tus cadenas

                                           pesan.

(In)fatuo

Posted: April 17, 2012 in Uncategorized

Sigo con los retazos y arde; no importa.
Los pétalos y la seda en la espalda
no se irán.
Sólo espero seguir observando y no viendo.
Escuchando y no oyendo. Para así
quebrantar huesos con toda propiedad.

(Considero la belleza. Y me gusta)

(Sopeso lo que quiero. Y me gusta)

Ruge el león y dejó de arder

Liberado estoy de la carga. (Y me gusta)
Me gusta creer que los cuervos aman
Me gusta creer que las calles me aclaman
Me gusta creer que Caín degustaba
Me gusta creer en la inocencia de las guaguas.

Una cruz en forma de espada (O espada en forma de cruz) [O forma en espada/cruz de cruz/espada)
yace en mi espalda

La alfombra roja no podía ser de otra manera…

Sangre, sangre, sangría, sangre,
sangro, sangro, sangro
sangre, sangro, sangre
sangre, negro, sangro
negro, sangro, negro,
negro, negro, negro
negro y sangro, y sangro negro.

Otra vez, y de nuevo, y por última vez.

Pluma, pico, pata, vuela, arde y grita.

Y arde y

grita.

Y

arde.

Can to…

Posted: November 22, 2010 in Uncategorized

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Yohoho!

Esto de más, por aquí por allá

Dadle alegría en su último día

Un cuello menos, bulto incapaz

Una entrevista con Satanás

¡Yohoho!

Esto de menos, de allá para acá

Mutilación excesiva y maldad

Escopetazo, sendo Sablazo

Cuerpos caídos con un solo brazo

¡Yohoho!

Esto de más, por aquí por allá

Oh Prisioneros a diestra y siniestra

Mirad hacia el cielo, estrella fugaz

¿Bueno sería el suicidio quizás?

¡Yohoho!

Esto de menos, de allá para acá

Gran explosión de intestinos sin más

Vientre, espalda o corazón

Corte cualquiera será perdición